La princesa del mar (cuento)This is a featured page

Fiorela Hidalgo

Érase una vez, en una tierra no muy lejana, un niño que vivía a orillas de una playa. Pero no era una playa cualquiera. Ese lugar era un lugar muy encantador, maravilloso y mágico. Todas las mañanas, Pedrito se levantaba muy temprano porque ayudaba a su padre con la pesca. Casi todos los pobladores de la ciudad se dedicaban a este oficio. Pedrito a comparación de todos los niños del pueblo, era un niño que adoraba el mar, cada aspecto de él le fascinaba a tal punto que cuando fuera grande, él sería un gran marinero. Cada dos semanas de cada mes, embarcaciones de todas partes llegaban al puerto. Pedrito esperaba ansioso y contaba los días para que los grandes marineros llegasen a su ciudad.



La familia de Pedrito era muy pobre, su padre trabajaba todos los días sin descansar, pero aún así no conseguía lo suficiente para mantener a toda su familia. Era por tradición, que todos los meses de marzo, los pescadores traigan al puerto una gran cantidad de peces para poderlos vender a las grandes embarcaciones. Era tanta la fascinación que Pedrito tenía por los placeres del mar, que después de salir de la escuela se sentaba a la orilla del mar a contemplar la belleza de las olas y el atardecer.

Muchos pobladores de la ciudad decían que la playa estaba encantada y que cualquiera que contemplara su belleza, quedaría totalmente enamorado de este lugar. Otros decían que en esa playa existían seres extraños. Pero a Pedrito no le asustaban todos los rumores que la gente decía de la playa. Al contrario, estos rumores hacían que su curiosidad por ese bello lugar creciera cada día más. Pedrito solía jugar con sus amigos a la orilla de la playa pero sobretodo le gustaba recolectar piedras preciosas como él las llamaba. Un día muy temprano el papá de Pedro se preparaba para salir a pescar con unos de los pobladores de la ciudad.

–Hola, preparado para salir a pescar–dijo el padre de Pedrito
–Claro que sí. Debemos aprovecharlo al máximo el día ya que en unos días las embarcaciones estarán llegando al puerto y si logramos pescar abundantes peces, obtendremos una gran recompensa–dijo el amigo.
–Sí. Necesito mucho ese dinero, mi hijo Pedro cumple años en unos días y pienso viajar a la ciudad para comprarle una caña de pescar profesional–dijo el papá de Pedro muy emocionado.
–¡¡¡Listo!!! Aquí vamos, roguémosle a Dios para que este viaje sea muy productivo–dijo el amigo.

El papá de Pedrito y su amigo salieron a altamar al promediar las cinco de la mañana. Ellos iban muy contentos con la esperanza de pescar muchos peces. Desde que el padre de Pedrito tenía uso de razón, se había dedicado a la pesca. Es una tradición que pasa de familia en familia, sobretodo de padre a hijo. En el caso de Pedrito no podía ser distinto. Su padre siempre le enseñó todos los mejores trucos para que él algún día fuera el mejor pescador.

La tarde llegó, y el papá de Pedro con su amigo volvían después de un largo día de trabajo en el mar. Pedrito lo esperaba ansiosamente en el puerto. Cuando la lancha de los dos pescadores se acercaba:
–Papá, papá. ¡¡¡Ya viene mi papá!!! gritaba Pedrito
–Pedrito, ya casi llegamos–exclamó el papá de Pedrito
–Miren todos cuantos peces mi papá trae en su red. Se ve que fue una gran pesca la que tuvieron el día de hoy–dijo Pedrito muy contento
–Sí hijo, las princesas del mar nos ayudaron hoy–exclamó el papá de Pedrito
–“Las princesas del mar”, ¿Quiénes son las princesas del mar? –preguntó Pedrito
–Olvídalo hijo y ayúdame con esto–dijo señalando a la red llena de peces.

Desde ese día Pedrito tuvo la curiosidad de saber más acerca de las princesas del mar, las cuales habían ayudado a su papá. Los días pasaron y las embarcaciones llegaron al puerto. Se podía ver gente por todos lados ofreciendo sus productos. Pedrito era el niño que más sabía de pesca gracias a su papá.

Un día antes del cumpleaños de Pedrito, su padre decidió salir a altamar en busca de más peces con el único propósito de venderlos y conseguir un poco más de dinero que necesitaba para comprarle su regalo de cumpleaños. Como siempre, el papá de Pedrito salió muy temprano en la mañana. Todo pronosticaba que iba a hacer un día muy provechoso para la pesca. Pero con la madre naturaleza uno nunca sabe, el clima se tornó muy feo, lluvias, relámpagos y mucho viento.

El padre de Pedrito había estado en situaciones parecidas anteriormente pero en esta ocasión la suerte no estuvo de su lado. Los vientos eran tan fuertes que el papá de Pedrito perdió el control de su lancha. Pasó la tarde y como en todas las ocasiones en el que su padre iba a pescar, Pedrito esperaba ansiosamente el regreso de su papá. Pasaron las horas y no veía la lancha de su papá. Llegó la noche y la angustia crecía cada vez más en el corazón de Pedrito. Su madre al ver que su esposo no llegaba a casa decidió ir al muelle a esperarlo con su hijo.

–Pedrito, ¿ves a tu papá?– dijo la madre de Pedrito angustiada.
–No mamá, no lo veo–susurró Pedrito.
–El clima está muy malo, solo le ruego a Dios que no le haya pasado nada malo–dijo la mamá de Pedrito.
–No mami, sé que las princesas del mar lo están cuidando–dijo Pedrito.
–Las princesas del mar, qué dices Pedrito– dijo la mamá de Pedrito.

La noche llegó y el papá de Pedrito no daba señales de vida. Al día siguiente, Pedrito se levantó muy temprano en la mañana y fue al muelle a ver si su padre venía. Al ver que su padre no se asomaba, Pedrito se quedó dormido en el muelle. En sueños pudo ver unas siluetas de mujeres jugando en el mar, todas muy felices, cantando. Pedrito no podía creer lo que estaba viendo. En eso una princesa del mar se le acercó y le dijo:
–Pedrito, no temas, tu papá está bien, nosotras lo hemos cuidado– dijo una princesa del mar.

Pedrito, no podía creer lo que estaba pasando. Pero como estaba muy angustiado por su papá quiso pedirles un favor.
–Princesas del mar, ayuden que mi papá esté bien, él salió de mi casa y aún no ha regresado– dijo Pedrito con lágrimas en los ojos.
–Pedrito, no te preocupes, sabemos por lo que tu familia está pasando– dijo una princesa del mar
–Muchas gracias, pero no se vayan por favor– dijo Pedrito
–Sí, Pedrito, sí existimos en los corazones de los que creen en nosotras– dijo una princesa del mar alejándose de la orilla.

Cuando Pedrito despertó, logró divisar una lancha acercándose a la orilla. Era su papá sano y salvo.
–Papá, estás a salvo-dijo Pedrito
–Sí, el mar me protegió– dijo el papá de Pedrito muy contento
–Sí, papá lo sé, me lo dijeron las princesas del mar–susurró Pedrito.

Pedrito se sentía muy contento de que su papá hubiera regresado sano y salvo de su aventura en altamar. Esa misma noche, cuando su padre narraba las cosas que él había vivido en el mar, Pedrito interrumpió la conversación para decirles a todas las personas reunidas en su casa del sueño que había tenido, y de la existencia de las princesas del mar. Todos lo miraron con exclamación y dijeron:
–Pero Pedrito, tú ya eres muy grandecito para creer en cosas como esas– dijo uno de sus tíos
–No, yo digo la verdad, yo las vi, ellas fueron las que salvaron a mi papá de las furias del agua–exclamó Pedrito.
–Sí Pedrito, pero tú papá se salvó porque es un gran pescador–dijo su tío.
–Lo sé, pero ellas me dijeron que…….–dijo Pedrito no pudiendo terminar de hablar.

Esa misma noche, Pedrito salió a caminar por la orilla de la playa, cuando a lo largo de la playa divisó a un grupo de personas. Por ser de noche, Pedrito no distinguía bien quiénes eran.

–Pedrito, dijo la princesa del mar.
–Nadie me creyó hoy cuando les conté sobre las princesas del mar– exclamó Pedrito muy molesto.
–Lo sé, pero solo me basta con que tú creas en nosotras, siempre estaremos aquí para protegerlos a todos de la furia del mar, solo confía y cree– dijo una princesa del mar.
–Sí lo haré– dijo Pedrito alejándose de la orilla.

Pedrito nunca olvidará el sueño que tuvo con las princesas del mar. Siempre lo recordaría como algo mágico que solo él podrá entender por el resto de su vida.



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